¿Cuándo se empezaron a usar los hongos?
Los hongos no son solo un ingrediente en la cocina, sino que tienen una historia milenaria como medicina natural. Hace más de 2.400 años, el mismísimo Hipócrates, conocido como el padre de la medicina, ya usaba un hongo llamado amadou (conocido comúnmente como hongo yesquero) para calmar la inflamación y sanar heridas. Y no solo él. En el siglo V, el alquimista Tao Hongjing también describió el famoso ling zhi (o Ganoderma lucidum, conocido como reishi), un hongo que ha sido adorado por siglos por sus numerosas propiedades.
Pero los hongos no solo fueron utilizados en la medicina tradicional china o griega. El Hombre de Hielo, Ötzi, que vivió hace unos 5.300 años, llevaba consigo hongos como parte de su kit de supervivencia en las montañas italianas. Y si miramos hacia América del Norte, los pueblos indígenas usaban unos hongos llamados “pedos o cuescos de lobo” (del género Calvatia) para curar heridas, demostrando que el poder curativo de los hongos estaba presente en diversas culturas a lo largo de la historia.
A pesar de haber sido utilizados durante milenios en la medicina tradicional, los hongos siguen siendo un misterio para muchos en la medicina moderna. Sin embargo, esta ignorancia está cambiando rápidamente gracias a los avances científicos que nos permiten estudiar más profundamente sus componentes. El reishi, por ejemplo, contiene más de 200.000 compuestos codificados por al menos 16.000 genes, de los cuales más de 400 son considerados activos. Además, se han descubierto más de 150 nuevas enzimas en varias especies de hongos, lo que demuestra que estos organismos son una verdadera mina de oro para la investigación médica, actuando como como pequeñas “fábricas farmacéuticas” de la naturaleza, repletas de componentes innovadores listos para ser explorados.
El hecho de que algunos hongos puedan nutrirnos, otros curarnos, algunos incluso matarnos, y otros y otros abrir espacios internos de introspección y expansión de conciencia —como los hongos del género Psilocybe— , refleja la complejidad de sus componentes químicos. Desde un punto de vista evolutivo, es comprensible que busquemos evitar lo que no entendemos completamente pero que tiene un poder tan grande. Por eso, la micoterapia, sigue siendo una ciencia fascinante y ecléctica, que integra conocimientos de la medicina tradicional y la investigación científica moderna, abriendo nuevas posibilidades para la salud.
Los hongos que vemos aparecer se reproducen rápidamente, en solo unos pocos días. Sin embargo, el micelio, esa red subterránea de hilos microscópicos que los hongos utilizan para alimentarse y expandirse, puede vivir durante décadas o incluso siglos. El organismo más grande conocido en la Tierra es un micelio de un hongo de miel (Armillaria ostoyae) en Oregón, que cubre 890 hectáreas y tiene más de 2.000 años de antigüedad. Aunque los cuerpos frutales de los hongos solo duran unos pocos días, el micelio sigue desarrollándose y resistiendo, incluso frente a millones de organismos que intentan consumirlo. Esta increíble capacidad de supervivencia es solo un ejemplo del poder de los hongos.
Lo más fascinante es que los hongos, al producir sustancias químicas para defenderse de sus depredadores, también nos ofrecen beneficios a los seres humanos. Ciertamente, los hongos no evolucionaron para convertirse en medicina para los humanos, sino que evolucionaron para sobrevivir a sus propios depredadores. Sin embargo, muchas de esas sustancias químicas tienen un impacto positivo en nuestra salud. Esto no es una coincidencia: los humanos y los hongos hemos coevolucionado, y nuestras interacciones con la naturaleza han influido profundamente en nuestra biología. Antes de la era farmacéutica, las personas que conocían los poderes curativos de los hongos y las plantas eran las que mejor sobrevivían a las enfermedades. De hecho, filogenéticamente, el reino animal está más estrechamente relacionado con los hongos que con las plantas, y esta conexión podría ser la razón de los poderosos beneficios medicinales que hoy observamos.
Propiedades terapéuticas de los hongos
Hoy en día, la ciencia moderna está comenzando a redescubrir lo que los antiguos ya sabían: los hongos no son solo alimento, son auténticas joyas de la naturaleza, repletas de propiedades curativas que merece la pena explorar.
¿Te imaginas aprovechar estos secretos ancestrales para mejorar tu salud? ¡Es hora de abrir los ojos a todo lo que estos poderosos “medicalimentos” pueden hacer por nosotros!
Los hongos medicinales más populares entre los consumidores incluyen el Reishi (Ganoderma lucidum), la Melena de león (Hericium erinaceus), el Chaga (Inonotus obliquus), la Cola de pavo (Trametes versicolor), el Shiitake (Lentinula edodes) y el Cordyceps (Ophiocordyceps sinensis, anteriormente conocido como Cordyceps sinensis).
Estos hongos han demostrado tener una increíble variedad de beneficios, como propiedades antibacterianas, antifúngicas, antivirales, antiinflamatorias, antioxidantes, anticancerígenas, antialérgicas, antihiperlipidémicas, antidiabéticas, antidepresivas, digestivas, citotóxicas, inmunomoduladoras, hepatoprotectoras, genoprotectoras, neuroprotectoras, nefroprotectoras, osteoprotectoras y prebióticas, entre otras.
Estos efectos se deben a los metabolitos bioactivos (como polifenoles, -glucanos, triterpenos, entre otros) presentes en el micelio y, sobre todo, en el cuerpo fructífero de los hongos, cuyos beneficios varían según la especie de hongo y su composición química. En el caso de la Melena de León (Hericium erinaceus), por ejemplo, se encuentran hericenonas y enacinas, compuestos fenólicos que contribuyen a sus efectos neuroprotectores y a la estimulación de la neurogénesis. Estos metabolitos específicos no están presentes en todos los hongos, pero son fundamentales para los beneficios específicos de esta especie.
Lo que conviene tener en cuenta antes de usarlos
Los hongos medicinales comercializados para el consumo son muy seguros y están respaldados por estudios científicos que demuestran sus beneficios y seguridad para la salud. Sin embargo, es crucial que provengan de cultivo ecológico, ya que los hongos pueden absorber sustancias del entorno, como pesticidas y metales pesados, que podrían ser perjudiciales para nuestra salud. Optar por hongos ecológicos garantiza que estén libres de estos contaminantes, asegurando su calidad y preservando sus propiedades beneficiosas sin riesgo de toxicidad.
Sin embargo, como con cualquier suplemento, es importante tener en cuenta algunas precauciones.
Si eres alérgico o tienes sensibilidad a los hongos, es recomendable evitar su consumo, ya que podrían causar reacciones adversas, como erupciones cutáneas o dificultad para respirar.
Reishi y Shiitake son conocidos por sus propiedades anticoagulantes, lo que significa que ayudan a prevenir la formación de coágulos sanguíneos, lo cual es beneficioso para la salud cardiovascular. Sin embargo, cuando se toman junto con medicamentos como Warfarina o Sintrom, que también actúan sobre la coagulación sanguínea para prevenir los coágulos, pueden potenciar este efecto anticoagulante, lo que aumenta el riesgo de hemorragias o sangrados. Por esta razón, es importante consultar con tu médico antes de usar Reishi o Shiitake si estás tomando estos medicamentos anticoagulantes.
Aunque muchos hongos medicinales son considerados generalmente seguros durante el embarazo y la lactancia, la investigación sobre su seguridad en estas etapas sigue siendo limitada. Algunos pueden influir en las hormonas o el sistema inmunológico, por lo que, si estás embarazada o en periodo de lactancia, es preferible evitar los extractos de hongos o usarlos con precaución, y optar por hongos en polvo (reishi, melena de león , cordyceps)
DTO: -10%: SANANDOMIINTESTINO), siempre bajo la supervisión de un profesional de la salud, ya que cada caso es único y se debe actuar con cautela.
Finalmente, el consumo de Cordyceps no se recomienda en personas con cáncer hormonodependiente, ya que puede interferir con los niveles hormonales, lo que podría afectar el curso del tratamiento o la condición de salud.
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Reishi: el “hongo de la inmortalidad”
El Ganoderma lucidum (reishi), conocido desde la antigüedad como el “hongo de la inmortalidad” o ling zhi, es uno de los hongos medicinales más utilizados en el mundo. En la medicina tradicional china, ha sido altamente valorado durante siglos por sus propiedades que promueven el bienestar y la longevidad. Diversos estudios han demostrado que la suplementación con reishi puede reducir la ansiedad, exhibiendo efectos ansiolíticos similares a los de fármacos como el diazepam.
Sin embargo, sus beneficios no se limitan solo a la salud mental. En el ámbito físico, el reishi ha demostrado ser eficaz para mejorar la recuperación post-ejercicio. Aumenta la resistencia y la fuerza de agarre, mejora la producción de lactato y optimiza la tasa de eliminación de desechos metabólicos. Tras un esfuerzo físico intenso, el reishi reduce significativamente los niveles de nitrógeno ureico sanguíneo (BUN) y creatina quinasa (CK), dos indicadores clave de daño muscular y fatiga. Además, estimula el aumento de glucógeno en el hígado y los músculos, mejorando la energía disponible para el cuerpo. Esto no solo potencia el rendimiento físico, sino que también acelera la recuperación, reduciendo la fatiga más rápidamente.
Y no solo eso: el reishi también ha mostrado mejorar la condición física de mujeres con fibromialgia, incrementando su resistencia aeróbica, flexibilidad y velocidad.
Este hallazgo resalta su enorme potencial para apoyar la salud física y mejorar el rendimiento en quienes sufren de dolencias crónicas.
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Melena de León: un hongo con poderes neuroprotectores y digestivos
La melena de león o Hericium erinaceus es un hongo que ha ganado popularidad en la medicina tradicional por sus diversos beneficios, especialmente en el sistema nervioso y la salud digestiva. A medida que la ciencia moderna explora sus propiedades, los estudios respaldan su uso para tratar una variedad de condiciones.
Uno de los aspectos más fascinantes de este hongo es su impacto en la función cerebral y el sistema nervioso autónomo. Se ha observado que la melena de león tiene el potencial de mejorar problemas como la menopausia, la depresión y la calidad del sueño. Además, algunos estudios sugieren que podría aumentar la velocidad de rendimiento cognitivo y reducir el estrés en personas saludables, lo que lo convierte en una opción prometedora para quienes buscan mejorar su rendimiento mental y emocional.
Este hongo contiene componentes bioactivos como las hericenonas y erinacinas, que tienen propiedades neuroprotectoras y neurodegenerativas. Estos compuestos pueden atravesar la barrera hematoencefálica, lo que les permite interactuar directamente con el cerebro, promoviendo el aumento de BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), una proteína crucial para la salud cerebral. Este proceso se asocia con mejoras notables en la memoria y el estado de ánimo.
También actúa sobre el eje intestino-cerebro, promoviendo el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas y reduciendo las patógenas, lo que muestra un claro efecto prebiótico. Ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de trastornos gastrointestinales, como la gastritis crónica, las úlceras gástricas y enfermedades inflamatorias intestinales, como el Crohn o la colitis ulcerosa. Tradicionalmente, se ha utilizado para aliviar el dolor epigástrico y tratar infecciones como las causadas por Helicobacter pylori.
Al mejorar el equilibrio bacteriano en el intestino, la melena de león puede tener un impacto positivo en la función cognitiva y reducir la inflamación cerebral, Al modificar la composición del microbioma intestinal, Hericium erinaceus no solo favorece la salud digestiva, sino que también tiene un impacto positivo en la función cognitiva y contribuye a la reducción de la inflamación cerebral, especialmente en el hipocampo, una zona crucial para la memoria y el aprendizaje. Con estos efectos, el hongo promueve la longevidad y retrasa el deterioro cognitivo relacionado con la edad. Los estudios muestran que mejora la fragilidad cognitiva y reduce la inflamación en áreas cerebrales clave, respaldando la idea de que la modulación del microbioma intestinal mediante la nutrición puede ofrecer beneficios significativos para la salud cerebral a medida que envejecemos.
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Cordyceps: un hongo para mejorar el rendimiento físico y la recuperación muscular
El Cordyceps sinensis es un hongo parásito que se desarrolla en las larvas de insectos, principalmente de polillas. Al infectar la larva, el hongo consume su interior y luego emerge formando una estructura que libera esporas, continuando su ciclo.
La suplementación con Cordyceps mejora aspectos clave del rendimiento físico, como el umbral metabólico y el umbral ventilatorio. El umbral metabólico es el punto donde el cuerpo comienza a acumular lactato, lo que indica que se está trabajando a alta intensidad. Al aumentar este umbral, se puede ejercitar a mayor intensidad antes de la acumulación de lactato, lo que retrasa la fatiga. El umbral ventilatorio, por su parte, es el punto en el que el cuerpo ya no puede eliminar eficientemente el lactato, lo que provoca un aumento en la frecuencia respiratoria. Mejorar este umbral permite una mayor eficiencia respiratoria durante el ejercicio y un mejor rendimiento en actividades intensas.
Además, el Cordyceps acelera la recuperación muscular al aumentar las células madre musculares, fundamentales para la regeneración, y favorece la expansión de las células Pax7+, clave en la reparación muscular. También reduce significativamente el daño muscular y la inflamación, facilitando una recuperación más rápida, especialmente en las primeras 24 horas tras el ejercicio.
Si practicas entrenamiento a gran altura, la suplementación con Cordyceps puede mejorar tu rendimiento aeróbico, permitiéndote entrenar con mayor intensidad y recuperarte más rápido. Además, ayuda a mantener el sistema nervioso autónomo, acelerando tu adaptación fisiológica al ejercicio. Y no solo eso: el Cordyceps también ofrece otros beneficios como mejorar la función reproductiva, reducir el estrés oxidativo y aportar efectos antidepresivos, contribuyendo a tu bienestar general y rendimiento físico.
En resumen, la suplementación con Cordyceps ofrece numerosos beneficios, especialmente en la mejora del rendimiento físico y la recuperación muscular.
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¿Cómo podemos incluirlos en nuestra rutina?
La forma más efectiva de incorporar los hongos medicinales como el Cordyceps, el Reishi y la Melena de León es a través de la suplementación en cápsulas de extracto, idealmente unas 2 horas separadas de las comidas para asegurar una óptima absorción:
- Reishi: este hongo tiene propiedades relajantes y adaptógenas, lo que lo convierte en la opción ideal para tomar por la noche, antes de dormir. Ayuda a promover un descanso reparador, mejorar la calidad del sueño y reducir el estrés. En casos de estrés crónico o fatiga, si se buscan sus beneficios adaptógenos, también puede tomarse durante el día para mejorar la capacidad de adaptación del cuerpo a las demandas diarias.
- Melena de León: este hongo es especialmente útil para mejorar la memoria y la claridad mental. Por lo tanto, es más efectivo tomarlo por la mañana o al mediodía, para mantener un enfoque y productividad óptimos durante el día.
- Cordyceps: este hongo tiene efectos energizantes y activadores, por lo que es recomendable no tomarlo después de las 15:00h para evitar que interfiera con el descanso nocturno. Para maximizar sus efectos en el rendimiento físico, se recomienda tomarlo 30 minutos antes de las sesiones de ejercicio, lo que puede ayudar a aumentar la resistencia y la recuperación muscular.
Es importante tener en cuenta que la mejor manera de incluir estos suplementos en tu rutina dependerá de tus necesidades individuales. Por ello, lo más recomendable es adaptar su uso con la orientación de un profesional de la salud en consulta, quien podrá personalizar las dosis y horarios según tus objetivos específicos.
Ahora bien, no todo tiene que ser suplementación.
También podemos acercarnos a los hongos medicinales a través de la alimentación y la cocina cotidiana.
En algunos mercados ecológicos es posible encontrar Melena de León fresca, además de setas medicinales más comunes como el shiitake, una variedad muy interesante en casos de candidiasis por su efecto inmunomodulador y prebiótico.
En gastronomía, especialmente en Cataluña, las setas tienen un papel protagonista: los rovellons a la planxa, el fricandó amb bolets, el arròs de bolets o las tortillas de fredolics. Y, al otro lado del mundo, me sorprendió ver cómo en Bali la Melena de León se utiliza incluso para preparar hamburguesas, con una textura suave y fibrosa, muy similar a la carne. Además, en muchos cafés es común añadir hongos medicinales en polvo —como melena de león, reishi o chaga— a batidos, cafés o latte calientes, para obtener sus efectos adaptógenos y energéticos en la rutina diaria.
Eso sí, es importante recordar que comer la seta fresca no equivale a la concentración de compuestos activos que obtenemos en los extractos.
La alimentación aporta beneficios nutritivos y prebióticos, pero los extractos son los que contienen las dosis terapéuticas de β-glucanos, triterpenos o hericenonas, necesarias para observar efectos más profundos.
Una opción intermedia, práctica y versátil, es el polvo de hongo medicinal (Tenéis un -10% con el código SANANDOMIINTESTINO). Ofrece una concentración mayor que la seta fresca, pero más suave que los extractos, lo que lo convierte en una alternativa adecuada en etapas como embarazo y lactancia, donde los extractos no siempre se recomiendan (Puedes consultar las recomendaciones específicas sobre embarazo, lactancia y medicación anticoagulante en el apartado de Lo que conviene tener en cuenta que encuentras más arriba.)
Puedes añadir el polvo directamente a repostería, batidos, yogures, sopas, cremas o bebidas calientes como café o matcha.
Y, si prefieres que el café ya lo lleve incorporado, hay opciones que combinan estos hongos con plantas que apoyan la claridad mental de forma suave y estable. Por ejemplo, cafés que incluyen:
- Bacopa monnieri, una planta ayurvédica que ayuda a la memoria, el foco y la concentración.
- L-teanina, un aminoácido del té verde que equilibra la cafeína, aportando energía estable sin nerviosismo.
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