Un arbusto con historia y salud
La henna para el pelo y la que se aplica en la piel proviene de la misma planta: Lawsonia inermis. Más conocida como henna persa, es un arbusto con flores que puede alcanzar hasta 2,5 metros de altura y que crece de forma natural en regiones cálidas y secas de Asia, África mediterránea y Australia. De hecho, no sobrevive en climas fríos: si la temperatura baja de los 11°C, la planta deja de prosperar.
A simple vista puede parecer solo un colorante natural, pero en realidad hablamos de una planta con más de 9.000 años de historia cosmética y terapéutica, y con propiedades que la ciencia empieza a reconocer. Desde la Edad de Bronce se utilizaban sus hojas secas y molidas para teñir cabello, piel y uñas en rituales y celebraciones e incluso como colorante y conservante en cuero y tejidos. Lo curioso es que lo que da ese tono rojizo característico —la lawsone (2-hidroxi-1,4-naftoquinona), su molécula activa— es también la responsable de muchas de sus propiedades biológicas: antioxidantes, antiinflamatorias, antibacterianas e incluso estudiadas como anticancerígenas.
Más allá de su química, la henna ha estado siempre cargada de símbolos y
significados. En muchas culturas se hablaba de la “baraka”, una especie de
bendición o buena suerte que se le atribuía, capaz incluso de proteger frente al Mal de Ojo. Su resiliencia en la naturaleza también inspiró a los pueblos antiguos: sobrevive en zonas áridas, resiste sequías y, con las primeras lluvias, brota con fuerza. Ese renacer la convirtió en símbolo de fertilidad y renovación, presente en bodas y rituales de paso.
Se dice que los humanos descubrieron sus propiedades colorantes al observar a los animales pastando, que quedaban con los labios teñidos de rojo-anaranjado tras comer sus hojas. Desde entonces, la henna se convirtió en parte de la vida cotidiana y espiritual.
La evidencia más antigua de su uso se remonta al Egipto predinástico, donde ya se aplicaba henna para el pelo para disimular canas y signos de envejecimiento. Se han encontrado rastros en momias de más de cinco mil años, y hasta se cuenta que el profeta Mahoma teñía su barba con henna. Lo más fascinante es su continuidad histórica: desde la Edad de Bronce hasta hoy, la henna ha estado presente en bodas y celebraciones de fertilidad en el Mediterráneo oriental, India, África y Oriente Medio.
Hoy, además de ser una alternativa natural frente a los tintes químicos, la ciencia investiga su potencial terapéutico en distintas áreas de la salud.
Yo misma empecé a usarla hace años y fue un antes y un después en mi relación con mi pelo. En este reels te lo cuento.
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La molécula detrás del color
El pigmento de la henna para el pelo, la lawsone, se encuentra sobre todo en las hojas, especialmente en los pecíolos. Por eso, una hoja entera no tiñe por sí sola: es necesario triturarla y mezclarla con un medio ligeramente ácido para que esta molécula se libere. Una vez activa, la lawsone penetra en la capa más externa de la piel o del cabello y se une a la queratina, creando ese tono rojo-anaranjado intenso y duradero que caracteriza a la henna.
Desde los años 30 se han descrito diferentes métodos para extraerla. En general, consisten en macerar o hervir las hojas secas en agua o disolventes orgánicos, y después purificar el pigmento con procedimientos químicos o cromatográficos. Aunque el rendimiento suele ser bajo, con técnicas más modernas como la cromatografía líquida de alta resolución (HPLC) se consigue cuantificar con precisión la cantidad de lawsone en la planta y en los productos comerciales. Gracias a ello, hoy podemos diferenciar la henna natural de las mezclas adulteradas, como la llamada henna negra, que incluye sustancias químicas potencialmente tóxicas.
En resumen, detrás del simple gesto de preparar una pasta de henna hay un proceso químico fascinante que explica por qué este tinte natural consigue resultados tan resistentes en la piel y el cabello.
Principales compuestos bioactivos de la henna
La eficacia de la henna no se debe solo a la lawsone. Su riqueza en compuestos fitoquímicos —casi 70 compuestos fenólicos aislados de distintas partes de la planta—, que trabajan en sinergia, explica por qué tiene un espectro tan amplio de propiedades medicinales.
Grupo de compuestos
Ejemplos
Efectos principales
Naftoquinonas
Lawsone (0,5-2,8%)
Pigmento natural,
antimicrobiano,
antifúngico, antioxidante
Fenoles y polifenoles
(flavonoides, cumarinas,
taninos, naftalenos)Luteolina, apigenina,
quercetina, catequina,
escopoletina, ácido
tánico.Antioxidante,
antiinflamatorio,
astringente
Terpenos y triterpenos
β-ionona, α-ionona,
lupeol, betulinaAroma floral (β-ionona es
la responsable del olor
penetrante de las flores),
antimicrobiano,
antiinflamatorio,
hepatoprotector
Esteroles y alcaloides
Lawsaritol, harmina,
harmalinaActividad farmacológica
variada (neurológica,
antiparasitaria)
Otros compuestos
Derivados de dioxina,
oligoelementos (Fe, Zn,
Mg, Ca, K)Regulación enzimática,
soporte estructural y
metabólico
La química que explica sus efectos
El característico tono rojizo de la henna se debe a la lawsone, una molécula de la familia de las naftoquinonas. Su estructura —con un grupo hidroxilo muy particular y una conformación casi plana— explica gran parte de sus efectos: se une con facilidad a proteínas (como la queratina) y puede desencadenar acciones biológicas relevantes.
Ya hemos visto que la planta es mucho más que esta molécula, pero merece la pena detenernos en ella porque la lawsone es la gran protagonista: no solo tiñe, también funciona como un bloque de construcción para desarrollar nuevos compuestos con potencial terapéutico. A partir de ella se han sintetizado moléculas que hoy se investigan en oncología (cáncer de colon, mama, próstata, vejiga, hígado y mieloma múltiple), así como en terapias antiparasitarias y antiinfecciosas.
Propiedades descritas en la literatura científica
Las infecciones del tracto urinario (ITU) en mujeres son comúnmente causadas por el ascenso de las bacterias desde la mucosa vaginal o el intestino. Los patógenos más frecuentes son bacterias gramnegativas y anaerobios facultativos residentes en la flora intestinal y vaginal.
- Antimicrobiana y antifúngica: activa frente a Staphylococcus aureus, Streptococcus pyogenes, Pseudomonas aeruginosa, Candida albicans y dermatofitos. Esto sustenta su uso en piel y uñas (pie de atleta, uñas dañadas, grietas) y en pies diabéticos (alivio y prevención de úlceras e infecciones).
- Protectora del cabello: ayuda frente a piojos, tiña y caspa, protege de rayos UV y aporta brillo natural.
- Antioxidante: con resultados comparables a vitamina C o té verde en ensayos de laboratorio.
- Antiulcerosa y hepatoprotectora: favorece la protección gástrica y ayuda al hígado frente a tóxicos en modelos experimentales.
- Antiviral y antiparasitaria: con actividad frente a retrovirus y parásitos como malaria, leishmania y tripanosoma.
- Otros efectos descritos: cicatrización de heridas, estimulación
inmune, reducción de glucosa y mejora de memoria en modelos
animales.
Yo empecé a usarla en el pelo hace años con la fórmula de henna con infusión de romero y salvia, y desde entonces la sigo utilizando. Lo noté sobre todo en que desapareció mi dermatitis seborreica crónica (muy relacionada con el intestino, por cierto) y en que se redujo muchísimo la caída del cabello, gracias a todos los minerales y compuestos que hemos visto que contiene.
Un foco especial: la inflamación
La actividad antiinflamatoria de la lawsone y compuestos relacionados está
especialmente bien documentada. La estructura molecular es clave: pequeñas modificaciones en su química potencian la acción.
- En modelos animales la lawsone mostró un efecto comparable a fenilbutazona (AINE usado en dolor crónico, p. ej., artritis).
- Extractos de henna reducen la inflamación inducida por distintos agentes, disminuyendo edema y formación de granulomas.
- Derivados sintéticos como la nitrolawsone han mostrado gran eficacia en alergia y anafilaxia.
- En uso tópico, compuestos relacionados como el lapachol han demostrado un potente efecto antiinflamatorio local, abriendo la puerta a geles y cremas dermatológicas.
Los detalles que marcan la diferencia
La forma de procesar la henna influye directamente en sus beneficios. Cuando no se somete a calor, conserva mayor cantidad de compuestos fenólicos como el ácido clorogénico, el ácido elágico, la rutina o el kaempferol, todos ellos con acción antioxidante y antimicrobiana.
En laboratorio se ha visto claro: la henna fresca resultó más eficaz frente a
levaduras como Candida albicans y Candida tropicalis, y también favoreció
la cicatrización de heridas. En resumen, cuanto más se preserva su composición original, mayor es su poder antimicrobiano, antioxidante y reparador.
A esto se suma que, en ensayos in vitro, los extractos alcohólicos u oleosos suelen superar a los acuosos frente a bacterias y hongos. ¿La razón? Estos disolventes liberan mejor las sustancias bioactivas de la planta, aumentando su rendimiento y eficacia.
Tip práctico
El aceite ayuda a liberar mejor las sustancias activas de la henna. Por eso, cuando la aplicamos en el pelo mezclada con un poco de aceite, no solo tiñe: también potencia sus propiedades protectoras.
Además, los aceites no solo potencian la acción de la henna: también nutren,
fortalecen, sellan la cutícula, previenen el encrespamiento y protegen frente a la deshidratación. Y lo mejor: ¡no engrasan! Si quieres saber cómo aplicarlos, te lo cuento en este vídeo
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El problema de la adulteración
No todo lo que se vende como “henna” lo es realmente:
- La llamada “henna negra” o “henna neutra” suele provenir de otras plantas (Indigofera tinctoria o Cassia obovata) y a menudo se mezcla con productos químicos no especificados.
- Algunos preparados comerciales incluyen sustancias como nitrato de plata, carmín, pirogalol, tintes dispersos naranjas o cromo, capaces de provocar reacciones alérgicas, inflamaciones crónicas o incluso alergias tardías relacionadas con tintes textiles y de peluquería.
- Uno de los casos más alarmantes es la adición de parafenilendiamina (PPD), un compuesto que puede causar lesiones graves en la piel.
Checklist: cómo reconocer una henna de calidad
1. No todo lo que se vende como “henna” lo es realmente:
2. Ingredientes claros → en la etiqueta debe figurar Lawsonia inermis como único componente.
3. Olor característico → herbal y terroso; si huele a químicos, desconfía.
4. Color del polvo → verde oliva, nunca negro ni marrón oscuro
5. No “henna negra” o “henna neutra” → suelen ser mezclas adulteradas con otras plantas o químicos.
6. Sin aditivos → evita productos con parafenilendiamina (PPD), nitrato de plata, carmín, pirogalol u otros colorantes.
7. Procedencia → si es posible, opta por henna de cultivo ecológico y de zonas tradicionalmente productoras.
Una henna pura y bien procesada no solo tiñe de forma segura, sino que también conserva intactas sus propiedades antimicrobianas y antioxidantes.
Lo que quiero que recuerdes
La henna es mucho más que un tinte natural: es una planta medicinal versátil, con propiedades antimicrobianas, antioxidantes y antiinflamatorias que empiezan a contar con respaldo científico. La tradición la avala desde hace
milenios y la investigación moderna la señala como una candidata prometedora en el desarrollo de nuevos tratamientos, especialmente frente a infecciones resistentes y en aplicaciones biomédicas innovadoras.
Aunque aún hacen falta más ensayos clínicos en humanos para confirmar estos hallazgos, todo apunta a que Lawsonia inermis seguirá dando de qué hablar en medicina integrativa y en la investigación científica.
Y si hablamos de su uso en el cabello, mi recomendación personal es Henna Morena (con -10% de descuento usando el código: SANANDOMIINTESTINO). Es una marca que trabaja con henna pura, sin adulterar y procedente de cultivos orgánicos. Para mí, eso marca la diferencia: aplicar en tu pelo un producto auténtico, respetuoso con la planta y con tu salud.
Si quieres profundizar más, en este post respondo a las dudas más habituales sobre la henna para el pelo (embarazo, transición desde tintes químicos, canas…)
Y en esta guía práctica te explico cómo elegir la henna adecuada para tu tipo de cabello.
Bibliografía
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